25 de abril de 2012

JOSÉ MINGORANCE ALONSO


JOSÉ MINGORANCE ALONSO

Una colaboración para el Blog de  Francisco Narváez López y Miguel A. Roldán Guijarro


Se inspira este Blog en el diario “El Popular de Melilla”, que empezó a editarse el 1 de agosto de 1917 con el nombre de "El Popular" (dirigido por Nicolás Pérez Muñoz Cerisola) y que, salvo pequeños períodos de carencia, estuvo al servicio de Melilla hasta el golpe de Estado de julio de 1936, en el que los cabecillas de la rebelión y sus asesinos a sueldo arremetieron contra el periódico de la misma forma que arremetieron contra la vida y bienes de miles de melillenses.

“El Popular de Melilla” fue fundado por José Mingorance Alonso, quién desde muy joven quedó ligado profesionalmente al mundo de las artes gráficas y la comunicación. Natural de Lanjarón, aunque desde corta edad vivió en Granada, quedó huérfano de padre a los cuatro años. Estas circunstancias le impidieron asistir a la escuela, viéndose obligado a trabajar, en jornadas de doce a catorce horas, con seis años. Se inició como aprendiz, en un antiguo taller, para más tarde ascender al puesto de ayudante, aprendiendo “a manejar la máquina de tirar, “en cuyas tareas puso de relieve magnificas cualidades. Los talleres fueron un mundo de trabajo duro, pero también el ámbito de su formación autodidacta, pues en ellos adquirió todos los conocimientos necesarios para llegar a dominar los entresijos de la profesión y aventurarse, con el paso de los años,  a ser propietario  de varias imprentas y periódicos.

Así, antes de los veinte años había fundado en Granada varios semanarios satíricos. Poco después llegaría a Melilla, empezando a trabajar en la imprenta de “El Telegrama del Rif”, en la que estuvo varios años, hasta que se despidió y se estableció por su cuenta. Apenas sin dinero y “con una pequeñísima máquina de pedal con la que apenas sin podía confeccionar prospectos”, empezó la dura tarea de levantar su empresa, invirtiendo los frutos de su trabajo en la adquisición de nuevas máquinas que le acercaran a su deseo de ampliar los servicios de su imprenta y, sobre todo, a una de sus aspiraciones: dar vida a nuevos periódicos.

Ese objetivo lo vería satisfecho más temprano que tarde, logrando crear varios periódicos diarios, entre los que figuran, entre otros, “El Heraldo de Melilla” y “El Popular de Melilla” que nació por primera en su vivienda particular. También creó “El Diario Español”. Más tarde, poco después, del desembarco en Alhucemas, crea en  pleno campamento “El Diario Español de Alhucemas”, “periódico que representaba una nota interesantísima en nuestra acción civilizadora en África”. Poco tiempo después fundaría en Nador, otro diario llamado “Marruecos Oriental”,  que a juicio del fundador no terminó de cuajar debido a las dificultades puestas por la Ata Comisaría en Marruecos.

No obstante tener que hacer frente a  innumerables contratiempos, Mingorance, llegaría a establecer varias las imprentas en Melilla, Alhucemas y Nador. En sus talleres llegó a confeccionarse dos periódicos diarios; uno de la mañana y otro de la tarde. Así, además de “El Popular de Melilla”, se imprimieron periódicos diarios como “La Voz de Marruecos”, “La Fraternidad”, “España en Marruecos”, “La Voz de África” y semanarios como “Vida Marroquí”, “El Ideal”, “Melilla en Broma” y “El Tronío”.

“El Popular de Melilla,” tuvo que enfrentarse a la dura censura a la que estaba sometida la prensa en Melilla, especialmente este diario que apostó por su distanciamiento de la Dictadura y la su ausencia de servilismo en sus relaciones con el poder, lo que le llevó a soportar numerosas apercibimientos, persecuciones, sanciones, secuestros o suspensiones. El coste personal, profesional y comercial que le impuso la persecución oficial o la indiferencia de las autoridades, nunca le hicieron desistir en la defensa de lo que consideraba justo y bueno para Melilla y España, más allá de las proclamas patrioteras de los que años más tarde, tratando de salvar a España, convirtieron la ciudad en un matadero y sumergieron al país en cuarenta años de negrura y represión.

El señor Mingorance Alonso, vivió apartado de todo contacto con la Dictadura y el periódico no participó, a diferencia de otra prensa, en la construcción de un discurso que él consideraba patriotero y contrario a la salvación de España. Una veces por escrito y otras con sus silencios,  trató de dar una visión menos estrecha y más ecuánime de los intereses españoles en la zona. Esta posición, que pagó con multas, apercibimientos, secuestros y suspensiones no le hicieron desistir en lo más mínimo de sus propósitos. Así defendió sin vacilaciones la normalización política y jurídica de Melilla, exigiendo su incorporación al mundo municipal, mediante la creación de su Ayuntamiento o la exigencia de representación en Cortes para la ciudad.  Mingorance fue un gran ausente, en las estrechas relaciones personales, sociales e incluso económicas que se tejieron entre las autoridades militares y los representantes de la prensa en Melilla  (Cándido Lobera, Jaime Tur, etc.) durante la tres primeras décadas del siglo XX.

Fue un innovador en su profesión, trayendo a Melilla las máquinas “Typograff”, con las que  trabajó durante años, para más tarde incorporar a su imprenta una máquina “Linotype”, utilizada por casi todos los grandes periódicos.

Fue vocal de la Junta de Arbitrios, llegando ser nombrado Vocal-Secretario y cargo que se le concedió por unanimidad. Con la llegada de la Junta Municipal fue cesado. Más tarde, con la República, presentó su candidatura como independiente siendo elegido concejal del primer Ayuntamiento de Melilla en 1931.

José Mingorance Alonso, nació en 1880. Estuvo casado con Elisa Rodríguez de Uriburru. Tuvo dos hijos, José y Elisa, muriendo el 18 de febrero de 1933, con 54 años, cuando todavía “pensaba en días de luchas y de glorias” para las páginas de su diario, “más acostumbradas más a las primeras que a las segundas”. Su propio periódico lo describía en los siguientes términos:

Hombre rudo, si se quiere, de temperamento fuerte, pero sano; de criterio propio, aun cuando ello le produjera trastornos en su vida particular y aún en la familiar y gasto en la económica, pero al fin de criterio propio, que no supo de servilismo ni fue implorando caridades a este ni al otro despacho.

Fue toda su vida don José Mingorance Alonso hombre que tuvo un concepto tan particular en estos tiempos como acertado en todos, de no acercarse a nadie para alcanzar un merecimiento. Los que tuvo, si los tuvo, fueron por él, pero no a cambio de lastimar su persona rebajándose, ni aún con un saludo tan fácil de disimular.

Gustaba de la razón, y ante ella cedía; odiaba la adulación, y ante ella se indignaba. A la manera de los hombres de recio temple que ya llevan sobre sus hombros más de medio siglo y que conservan aún modalidades distintas, tenía como preciado galardón no acercarse a los que por ser más podían tenerle un gesto de desprecio, ni rechazaba de su lado a los que eran menos porque entendía que la caridad, ejercida en forma anónima, era siempre provechosa y útil.

Batallador, por temperamento, no le asustaba la contienda ni miraba nunca el tamaño ni la situación del enemigo, por muy ventajosa que fuera. Su norma era seguir, siempre seguir hasta el final, sin retroceder, sin desalentar. No veía jamás imposible ni lejano el triunfo. Por el contrario, para él representaba alcanzarlo cosa fácil y hacedera.

Con él desaparece una de la figuras más activas y destacadas del periodismo de España en el Norte de África. Así ha sido. Así tendría que ser.

Como decía su periódico el día de su muerte  a pesar “de las múltiples actividades a que dedicó su existencia, don José Mingorance Alonso,” murió “pobre” o, mejor dicho, no murió rico, salvo en amigos; contando con el reconocimiento de toda la profesión y un legado que desgraciadamente apenas si ha llegado hasta nosotros, debido a que la colección de sus periódicos  se encuentra fragmentada y fuera de los archivos oficiales. Y sin embargo,  “El Popular de Melilla” , es una pieza fundamental para explicar y contar la parte de nuestra historia que nos ha sido hurtada.






Foto Lino: Máquina linotipia (marca Merghentaler, Modelo 5), adquirida en el año 1931 para los talleres de ”El Popular de Melilla”. Inexplicablemente aparece en los talleres de "El Telegrama de Melilla" en los años 40. Posteriormente y tras el cierre de "El Telegrama", la fue adquirida al chatarrero y tras una primera restauración, donada al Museo Municipal-Casa del Reloj (1984,) donde tras varios años desaparecida, fue restaurada (Mustafa Arruf) y en 2006 se pudo exponer al público en ese Museo. De nuevo y tras la remodelación de la Casa del Reloj (en estos mismos días) no se sabe su destino.

Foto: Imagen de la Redacción de "El Popular de Melilla" en la calle Isabel la Católica. La persona etiquetada con el número 1 es D. José Mingorance Rodríguez, hijo del fundador D. José Mingorance Alonso. La persona etiquetada con el número 2 es D. Juan Aranda, regente de talleres del periódico, dirigente y miembro de la Federación de Artes Gráficas (años 30) de UGT.

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